Archivo para 30 octubre 2010

En el día de su centenario

Tuve en 2º de Bachillerato un profesor de lengua y literatura que, además de católico convencido, era un perfecto apasionado de la poesía de la generación del 27. Dedicó, a lo largo de todo el curso, muchos más esfuerzos en que comprendiéramos en nuestras pobres mentes la poesía contemporánea que en todas las demás corrientes juntas. Y para Miguel Hernández sólo tenía palabras de afecto: hablaba de él como la honradez hecha poesía, el neo barroquismo en su mayor esplendor… Y disculpaba sus tintes revolucionarios, explicando como supo arrepentirse de su distanciamiento ideológico con Ramón Sijé en la famosa Elegía, mientras se lamentaba de que hubiera hecho tan “malas” amistades en Madrid.

Sin embargo, cuando tocaba analizar en clase algún poema de Miguel más marcadamente anticlerical o incluso blasfemo –porque también los tuvo, por la época que le tocó vivir- nuestro profesor nos recordaba las circunstancias, y nos releía un viejo poema, de su primera época tengo entendido, donde hablaba con loas poco equiparables de la virginidad de María. La he encontrado tras buscarla con fruición, y he descubierto que, pese a la claridad que suele caracterizar a este poeta, en este caso, sin una explicación detallada -como la que nos daba nuestro profesor- el poema puede resultar confuso. Por ello, pondré otro del mismo autor, mucho más claro en sus intenciones, de modo que pueda redimírsele ante las conciencias de mis escasos lectores. El complejo es el primero:

 SANTISIMA

Hecho de palma,

soledad de huerta

afirmada por tapia y cerradura,

amaneció la Flor de la criatura

¡qué mucho virginal!,

¡qué nada tuerta!

Ventana para el Sol

¡qué sol! abierta;

sin alterar a la vidriera pura,

la Luz pasó el umbral de la clausura

y no forzó ni el sello ni la puerta.

Justo anillo su vientre de Lo Justo,

quedó, como antes,

virgen retraimiento,

abultándole Dios seno y ombligo.

No se abrió para abrirse: dió en un susto

(nueve meses sustento del Sustento)

honor al barro y a la paja trigo.

 

ELEGIDA POR DIOS ANTES QUE NADA

¡Oh elegida por Dios antes que nada;

Reina del Ala, propia del zafiro,

nieta de Adán creada en el retiro

de la virginidad siempre increada!

Tienes el ojo tierno de preñada;

y ante el sabroso origen del suspiro

donde la leche mana miera, miro

tu cintura de no parir, delgada.

Trillo es tu pie de la serpiente

lista, tu parva el mundo,

el ángel tu siguiente,

Gloria del Greco y del cristal orgullo.

Privilegio de Judea con tu vista Dios,

y eligió la brisa y el ambiente

en que debía abrirse tu capullo.

Aconfesionalismo y aborto.- Estracto declaraciones Joseph Weiler

Acabo de leer una entrevista a Joseph Weiler en Aceprensa, donde hace una defensa considerable de la libertad religiosa en sentido negativo (existe, y debe existir, el derecho a no adorar a Dios: o, en sus palabras, “es el derecho más fundamental de todos los derechos”), y a la separación que le sigue, entre debates sociales y debates religiosos: si Dios no puede imponerse, tampoco deben utilizarse argumentos religiosos en los debates sociales:

Buena parte de los debates públicos que hoy se plantean en torno a la vida o el matrimonio acaban pareciendo enfrentamientos entre creyentes y laicos. ¿Está de acuerdo con este enfoque?

— Creo que es un error plantear así las cosas. La libertad religiosa es el derecho más fundamental de todos los derechos. Entre otras cosas, esta libertad supone el derecho de decir ‘no’ a Dios; el derecho a no ser una persona religiosa. Si alguien se opone al aborto o al matrimonio homosexual sólo por razones estrictamente religiosas, entonces no puede imponer su postura a los demás. Porque las convicciones religiosas no se imponen.

Los debates públicos controvertidos tienen que basarse en el patrimonio común de la razón. En otras palabras, deberían girar en torno a valores comunes sustentados en la justicia. (Leer entrevista completa.)

En efecto, ya conté en una ocasión mi experiencia al respecto, que ahora vuelvo a colgar, para reafirmar posturas:



La opinión pública es un elemento que no debe considerarse menor en la lucha por la vida. Y sin embargo, muchas veces ha sido descuidada so pena de las diferentes sensibilidades que aglutinan este movimiento social. Hoy voy a defender en concreto la necesidad de que el movimiento prolife sea aconfesional.

El otro día discutimos –quizá con demasiada dureza- con unos manifestantes que decidieron –bajo excusa de luchar por la vida- rezar el rosario a voz en grito en las puertas del Congreso de los Diputados. Eramos demasiado pocos para ser noticia, y como los cámaras de televisión se habían trasladado a ese lugar y no querían irse de balde, trataron de grabar precisamente lo insólito de la oración. Recuerdo que Pedro García-Alonso –otro bloguero de life&- comprendió la importancia de estas grabaciones y trató de boicotearlas entrando en mitad de grabación cantando villancicos y saludando a su madre. No sé si los cámaras lograron sacar algo en claro para el telediario, pero me quedó el regusto amargo de una discusión infructuosa con los manifestantes “católicos oficiales”. Hablamos bastante con ellos intentando que dejaran las oraciones para la intimidad –de hecho ese mismo día me enteré de que se había promovido un maratón de rosarios las 24 horas para rezar por los no nacidos-. Ellos apelaban a que necesitaban la ayuda de Dios en esta lucha, que no teníamos porqué rezar con ellos y que, en realidad, todos los que estábamos allí íbamos a misa los domingos. Fue a todas luces un debate amargo, quizá porque no han entendido que laicidad y laicismo no son sinónimos, y que, como dice el verso latino, “nulla éthica sinne esthetica”. Me explico.

Creo que es evidente que los grupos provida no somos aún una mayoría aplastante en España. Desde la teoría política por la que nos regimos, gobierna la mayoría, y por eso si se desea cambiar una ley, es necesario llegar al poder mediante votos. Para alcanzar esos votos es necesario el uso de la retórica, que en nuestra era recibe el nombre de comunicación política. La comunicación política puede ponerse al servicio de una ideología –si se quiere, en nuestro lado, la ideología del respeto a la vida-; es más, debe ponerse al servicio de ese ideal si se quiere alcanzar relevancia. No tiene por qué confundirse comunicación política con demagogia, siempre que no se falte a la verdad. Pues bien: desde ese punto de vista, creo que ha de tomarse en consideración lo que se hace y no se hace frente a las cámaras cuando se está representando a un colectivo que aspira a convertirse en consensuador de actitudes frente a la vida. No pretendemos los provida imponer nuestro criterio al resto, primeramente por que somos menos, y en segundo lugar porque queremos que todas las gentes conozcan nuestros motivos. Así, se entiende que rezar un rosario ante el telediario de millones de españoles no nos haga ningún favor: porque en lugar de hacerles reflexionar, lo que dicen es: “ya están los católicos tocando las narices: a ver si desaparecen”. Y ese es un mensaje que no nos compensa en absoluto.